Se agarran unos a otros en el río Bravo

Los migrantes cruzan el afluente resistiendo las fuertes corrientes, luego se entregan a la Patrulla Fronteriza

Austin, Texas

Una familia venezolana, integrada por cinco hombres, dos mujeres y dos niños, decide que ha llegado el momento de cruzar el Río Bravo. Su travesía dura 10 minutos y, a mitad de camino, se agarran los unos a los otros para resistir a las fuertes corrientes.

 Cuando llegan al lado estadounidense, gritan de alegría antes de entregarse a elementos de la Patrulla Fronteriza.

 El alivio se ve en todas las caras. Alejandro Galindo, otro venezolano que cruza el río cerca de ahí, está emocionado tras 26 días de viaje con dos compañeros.

 “Lloro de felicidad. Quiero ayudar a mi familia. En Venezuela no teníamos futuro”, explicó el joven de 28 años.

SIN MIRARLOS

 Eagle Pass, una ciudad de 22 mil habitantes situada a 230 kilómetros de San Antonio, ha aprendido a convivir con la presencia diaria de los migrantes. A pocos metros del puente internacional, varios hombres juegan al golf en la hierba amarillenta, sin prestar atención a quienes cruzan el río.

 Valeria Wheeler, la directora del refugio Mission Border Hope, asiste cada día a los desafíos de la ola migratoria. En dos años, sus instalaciones han pasado de acoger a 20 migrantes por semana a hasta 600 al día.

 Los recién llegados pasan unas horas ahí, en un amplio almacén con bancos, baños y duchas, a la espera de que algún familiar pague su transporte hacia otra ciudad.

 Wheeler explicó que el perfil de los migrantes ha cambiado, pues antes llegaban quienes tenían la posibilidad de comprar un boleto de avión desde sus lugares de origen hacia la frontera, pero ahora son más pobres y llegan caminando desde México o Centroamérica.