Critica la cancillería colombiana a AMLO

El presidente mexicano envía ‘un abrazo’ al aspirante de la izquierda

Un mensaje de solidaridad del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, hacia el candidato presidencial colombiano Gustavo Petro ha provocado este viernes el rechazo de la Cancillería del país andino, que ha calificado de “injerencia desobligante” esas declaraciones. El mandatario mexicano se ha referido al aspirante de la izquierda que se medirá el próximo 19 de junio con el populista de derecha Rodolfo Hernández para transmitirle su apoyo ante una campaña de descrédito de los sectores más conservadores. Una experiencia, ha asegurado López Obrador, que él ya sufrió antes de llegar al Gobierno.

“Nada más por un instante, voy a decir que le mando un abrazo a Petro”, dijo el presidente de México, haciendo un gesto en el que se abrazaba a sí mismo. “¿Y saben por qué lo abrazo? Porque está enfrentando una guerra sucia de lo más indigno y cobarde. [Está viviendo] todo lo que ya vimos y padecimos en México: Petro, ‘un peligro para Colombia’, ‘comunista’, ‘guerrillero’, ‘Colombia va a ser como Venezuela’, y etcétera. Pero con todo, unidos todos los conservadores, y sin ética, olvidando que la política es un imperativo ético. Lo hago porque, si alguien ha padecido, y no exagero, ni me siento víctima de esas guerras sucias, es el que les habla. Desde hace años. Por eso ánimo, y hay que tenerle mucha fe al pueblo, confiar en el pueblo, en la inteligencia del pueblo. No hay más que eso”.

PALABRAS INUSUALES

Las palabras de López Obrador son inusuales. El presidente mexicano es habitualmente muy cauteloso en asuntos de política exterior, él mismo presume de esa prudencia y para evitar expresar opiniones polémicas se suele amparar en el artículo 89 de la Constitución, que consagra el principio de “no intervención” en controversias de otros países. Sus afirmaciones se enmarcaban, no obstante, en una reflexión de política interna sobre los ataques de sus adversarios. “Si alguien ha padecido, y no exagero ni me siento víctima, de esas guerras sucias, es el que les habla, desde hace años. Por eso, ánimo y hay que tenerle mucha fe al pueblo, confiar en el pueblo, en la inteligencia del pueblo, no hay más que eso”.

Pocas horas después de la mañanera, la Cancillería colombiana, dirigida por la también vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, excandidata del Partido Conservador, reaccionó a las declaraciones con un mensaje en su cuenta de Twitter. “El Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia manifiesta su inconformidad por las declaraciones del señor presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, las cuales constituyen una injerencia desobligante en los asuntos internos de nuestro país”, dice el mensaje. “Con el mismo respeto que hemos profesado por las instituciones y por el señor presidente de México, le solicitamos respetar la autonomía del pueblo colombiano para escoger a su próximo presidente sin injerencias que traten de influir en los electores”.

Hay un antecedente similar. El pasado enero una reunión con presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, durante una gira internacional de Petro motivó otra queja de la Cancillería colombiana y sembró malestar en el gabinete de Iván Duque. En esa ocasión Ramírez instó al Ejecutivo a recibir a todos los aspirantes a la presidencia después de que el candidato izquierdista mantuviera también encuentros con dos ministras y con el expresidente Felipe González.

López Obrador es una figura que ronda la política electoral colombiana en estas elecciones, pero hasta ahora no por una opinión del mandatario. Antes de la primera vuelta presidencial, celebrada el pasado domingo, varios analistas veían paralelos entre el candidato Petro y el mandatario mexicano: los dos habían hablado de fraude electoral en elecciones pasadas; los dos han hecho alianzas con políticos tradicionales para llegar al poder en elecciones; los dos han tenido duros enfrentamientos con la prensa; los dos hablan de sus programas políticos como un cambio en la historia: el proyecto de López Obrador es la Cuarta Transformación, el movimiento de Petro es el Pacto Histórico. Y lo más obvio, los dos son líderes políticos que llevan décadas militando en la izquierda y Petro es el candidato favorito de todos los dirigentes progresistas de América Latina. El brasileño Lula da Silva, por ejemplo, pidió abiertamente el voto por él en vísperas de las elecciones.

Pero después de la primera vuelta, que ganó Petro aunque sin suficiente margen para evitar un desempate, también la figura del populista de derecha Rodolfo Hernández arroja otros paralelismos entre este último y López Obrador. Hernández, como el mandatario mexicano, defiende un programa de absoluta austeridad fiscal y de perseguir a los corruptos. También ha hablado de hacer conferencias mañaneras todos los días, de convertir el palacio presidencial en un museo (como lo hizo López Obrador con Los Pinos), o de donar su sueldo presidencial si gana las elecciones (el mexicano habló de reducirlo). Incluso Hernández, cuyos votos vienen en gran parte por su discurso anticorrupción, copió uno de los eslóganes de campaña de López Obrador en 2018, que sigue resonando hasta hoy como lema de Morena, su partido: “No robar, no mentir, no traicionar”.

“¿Quienes son sus referentes?”, le preguntó a Hernández una periodista en febrero, cuando aún no era líder en las encuestas. “El presidente de México, la labor que está haciendo es monumental”, dijo Hernández, felicitándolo por las mejoras aportadas durante el sexenio, cuando antes “los políticos lo tenían secuestrado”.

Al margen de estas similitudes discursivas o estratégicas con el exalcalde de la ciudad de Bucaramanga, el líder de la Cuarta Transformación tiene todo el interés en fortalecer un frente de gobiernos progresistas en la región. Tras una primera etapa de su mandato centrada en las reformas estructurales, el político busca ahora recuperar el protagonismo de México en el tablero internacional. Sus principales aliados son el argentino Alberto Fernández, el chileno Gabriel Boric o el peruano Pedro Castillo, a quien se ofreció a respaldar con asesoramiento económico para prevenir un “derrocamiento” y frente a “la rabia conservadora”. También recuperó una política de respaldo activo a La Habana y lleva semanas manteniendo un pulso con su homólogo estadounidense, Joe Biden, para que incluya también a Cuba, Venezuela y Nicaragua en la Cumbre de las Américas que se celebra la próxima semana en Los Ángeles.

Con estas premisas, el deseo del Gobierno mexicano -ya ha quedado claro de manera explícita- es tener a otro aliado progresista en Colombia. La Secretaría de Relaciones Exteriores no ha replicado, por el momento, a la queja de la Cancillería colombiana.