Los puertos y la navegación en el Bravo, según Jean Louis Berlandier, 1829-1830

De 1829 a 1837 en el camino a la Burrita, el número de ranchos había incrementado de 13 a 20. Estos se encontraban rodeados de esteros que cambiaban su posición con las avenidas del río. Las tierras alrededor eran aprovechadas para la siembra de maíz por su humedad. Los esteros tenían los nombres de ranchos donde se encontraban, por ejemplo: La Canasta, San Juan y Chapeño

-Segunda parte de dos-

El 14 de diciembre de 1829, el botánico francés junto con el Teniente Coronel Mateo Ahumada salieron desde Matamoros a inspeccionar el puerto Brazos de Santiago. Éste se encontraba a 13 leguas (54 km) viajando por el rumbo del cruce del río en la Burrita y once leguas (46 km) siguiendo por el camino a lo largo del lado izquierdo del río Bravo. A los barcos de vapor les tomaba menos de 12 horas siguiendo el curso del río desde Matamoros a la desembocadura; dos días si venían río arriba. 

A unos cuantos pasos al este de las casas de la Burrita, se encontraba una loma donde estaba un cementerio de los antiguos indígenas que habitaron la costa. Cinco millas al este había estado un rancho conocido como Tallaraes donde existió un chalán para cruzar el río. Para entonces, los barqueros tenían la barcaza en la Burrita.

Berlandier cuenta que de 1829 a 1837 en el camino a la Burrita, el número de ranchos había incrementado de 13 a 20. Estos se encontraban rodeados de esteros que cambiaban su posición con las avenidas del río. Las tierras alrededor eran aprovechadas para la siembra de maíz por su humedad. Los esteros tenían los nombres de ranchos donde se encontraban, por ejemplo: La Canasta, San Juan y Chapeño.

Por la ruta hacia Brazos de Santiago, en el lado izquierdo (norte del río), existían solamente tres o cuatro ranchos; aunque el número incrementó en los siguientes años, estos fueron abandonados por los continuos ataques de los comanches en 1837. Los esteros eran menos en número por ese lado del río, algunos eran conocidos como San Rafael, El Tanque y San Martín. Existían unas extensas planicies que eran inundadas por el río Bravo o por las aguas del mismo Golfo de México.

Boca Chica era tan sólo unas cabañas utilizadas por aduanales y algunas veces por un destacamento de la guardia costera mexicana. El terreno era bajo hacia el norte y era inundado por un brazo del río que se abría hacia la Bahía Brazos de Santiago. El oleaje brincaba las dunas cercanas a Boca Chica cuando el mar traía una tormenta, creando lagunas saladas que algunas veces se unían al lecho del río.

El matorral era casi nulo en estos lugares, solamente algunos arbustos se encontraban en las orillas del río Bravo y alguna maleza era observada en las alturas de la Mesa del Gavilán. Las viviendas en Brazos de Santiago se encontraban a cinco millas al norte de Boca Chica. Para llegar al puerto se seguían dos caminos: uno arenoso por atrás de las dunas y otro más firme a lo largo de la playa, el cual era más frecuentado durante la marea baja.

 

Brazos de Santiago

El pequeño pueblo estaba establecido en una isla, que se extendía por una legua de norte a sur, contando con 1,500 varas (1250 m) de ancho. Las casas, hechas con tablones traídos de los Estados Unidos, estaban situadas en la parte norte de la isla cerca de la barra donde entraban las embarcaciones. Aunque la isla estaba rodeada por agua salada, se conseguía agua fresca (salobre) a dos o tres pies (.61 a .91 m) de profundidad. Los habitantes eran principalmente empleados de la aduana y la guarnición, además vivía un pequeño número de civiles. Berlandier cuenta que en Brazos de Santiago y en la boca del río, un número de sus viviendas de 1829 y otras edificadas posteriormente fueron destruidas por tempestades en 1835 y 1837.

De regreso, la expedición cruzó por uno de los brazos del río que se dirigía para la Bahía Brazos de Santiago, al norte de la Burrita. Berlandier cuenta que algunos comerciantes de Matamoros en 1830 planearon cambiar el curso del río para que fluyeran sus aguas por este brazo y poder hacerlo navegable desde esa Bahía hasta Matamoros, donde se establecería en este último lugar los almacenes del puerto. Las aguas de la barra en Brazo de Santiago eran un poco más profundas que las de la desembocadura del río. Antes de llegar a Matamoros por el lado izquierdo del río se encontraba un pequeño boscaje, donde había pequeñas cabañas de trabajadores que cultivaban granos.

En esa parte el terreno era tan plano, que la corriente del río era completamente sinuosa y su fuerza se perdía antes de alcanzar la costa. Cada dos a cinco años el río se hinchaba, y el curso cambiaba de dirección. Cuando la corriente cambiaba de lugar, dejaba un banco o lago abandonado, abriéndose otro canal en otro lugar.  La aldea conocida como Congregación del Refugio había sido arrastrada por el río, cuando el cauce se movió hacia el sur. Berlandier puntualizaba que en México había pocos ríos tan variables y peligrosos para los asentamientos humanos como el río Bravo.

 

Los barcos de vapor

En las estaciones de invierno, primavera y verano, el río cuando mucho llevaba un tercio y a veces hasta un cuarto de su cauce durante el otoño. Los barcos de vapor podían llegar hasta Mier. Existían unos rápidos entre Mier y Revilla (antiguo Guerrero) que impedían que los barcos subieran río arriba.

En el otoño de 1829, el Capitán H. Austin llegó con el barco de vapor “Ariel” hasta estos rápidos. Aunque había suficiente agua para seguir río arriba con su embarcación de tres y medio pies de calado, decidió no arriesgar su empresa, temiendo que al regresar no corriera suficiente agua en ese punto. Este capitán era primo de Stephen Austin, y el “Ariel” fue el primer barco de vapor en navegar en un río en Texas y en México.

  • Tanto Mier como Camargo prometían ser segundos lugares de almacenaje, desde donde las recuas podían recoger sus mercancías hacia Nuevo León y otros lugares de México. Berlandier opinaba que la navegación en el río podía hacerse en tres tipos de embarcaciones de vapor en diferentes tramos del río, inclusive con chalanas como en la Luisiana, en la parte entre Laredo y los poblados de Coahuila.

El trecho del río entre Mier y Reynosa era menos sinuoso, a diferencia de los tramos entre Reynosa y Matamoros o hacia la costa, donde los meandros eran más frecuentes y más grandes. En la Bahía Brazos de Santiago predominaban los barcos americanos. A través de los años, entre 1829 y 1831, Berlandier observó arribar en ese puerto bergantines ingleses, holandeses, franceses y una fragata inglesa.

Las embarcaciones quedaban protegidas dentro de la Bahía Brazos de Santiago de las tormentas comunes, la excepción fue durante un par de huracanes en 1835 y otro en 1837. En esas tormentas, la mayoría de las embarcaciones ancladas en la bahía fueron aventadas en la isla, bastante lejos de la orilla del agua. La entrada a la Bahía Brazos Santiago quedaba entre la punta sur de la Isla del Padre Ballí y la punta norte de la Isla Brazos de Santiago. La actual Isla del Padre lleva el nombre por el reynosense Padre Nicolás Ballí quien había conseguido esas tierras de agostadero, donde se había establecido desde 1811.

La mercancía al ser desembarcada en Brazos de Santiago o en la desembocadura no estaba segura al deterioro por el agua. El trasporte de la mercancía estaba a merced de los cambios climáticos que afectaban las descargas del río, esteros lagunas y el propio mar. Por esos tiempos se había propuesto establecer un nuevo pueblo y una aduana en el frontón de la Punta de Santa Isabel en la Bahía de Brazos de Santiago. La aduana permanecía en Matamoros, aunque se había pensado también ponerla en la bahía o en la desembocadura del río. Alguna vez los reynosenses pensaron llevarse la aduna hasta su villa.

En 1832, se estableció en el lado derecho del río Bravo algunas cabañas para depositar la mercancía, y se le dio el nombre de Villa Hermosa de Santa Anna, la cual desapareció en la tempestad de 1835, que volteó al revés la mayoría de las construcciones. Se utilizó en un tiempo esta barra cuando hubo barcos de vapor estacionados en el Bravo para desembarcar los barcos mercantes, pues el servicio de los arrieros no era confiable en tiempo de lluvias.

El francés ponía en evidencia la corrupción que existían en el personal de la aduana, la cual era adjudicada a los bajos salarios que pagaba el gobierno. Berlandier aseguraba que los ministeriales, yorkinos y Santa Anistas (empleados de la aduana de todos los partidos) eran todos iguales. Estos empleados podían adquirir inmensas fortunas en menos de un año.

La gran tormenta de 1837 dejó incomunicados los dos puertos y los caminos impasables, por lo que el administrador de la aduana determinó que los barcos podían desembarcar las cargas en un determinado punto enfrente del pueblo, como se había hecho antes de 1830. Después de esa tormenta se formó una asociación que promovió se estableciera un servicio de barcos de vapor, para que guiaran los barcos o que hicieran los viajes que fueran necesario para desembarcar los barcos que llegaran a la desembocadura.

En abril del año 1830, el General Manuel Mier y Terán ordenó a Jean Louis Berlandier para que pasara Monterrey a conseguir vacunas frescas para combatir la viruela en Matamoros. Pero esa historia será contada en otra ocasión.


Vista de Matamoros captada en lápiz por Berlandier. Manuscritos de la Colección Beinecke de la Biblioteca de la Universidad de Yale.