La menopausia también afecta a los animales

El análisis de la actividad de los ovarios de narvales y belugas indica que también estas dos especies viven mucho después de dejar de reproducirse

Una de las peculiaridades de nuestra especie es la menopausia. Entre nuestros parientes primates, las hembras continúan reproduciéndose hasta poco antes de morir. Las hembras humanas, sin embargo, experimentan cambios hormonales entre los 45 y los 55 y dejan de tener hijos. Este fenómeno no resulta fácil de explicar desde el punto de vista evolutivo. ¿Por qué un animal viviría más de la mitad de su vida adulta sin poder pasar sus genes a la siguiente generación?

Para tratar de comprender esta particularidad, algunos científicos están mirando a los pocos animales que la comparten. Esta semana, investigadores de las Universidades de Exeter y York, en Reino Unido, y del Centro para la Investigación de las Ballenas en el Estado de Washington (EE UU), añaden dos nuevas especies al club de la menopausia, la beluga y el narval. En total, según apuntan en un artículo que se publica en  Scientific Reports, son cinco, con dos cetáceos dentados más, la orca y el calderón tropical, y los humanos.

"Para que la menopausia tenga sentido en términos evolutivos, una especie necesita una razón para dejar de reproducirse y una razón para seguir viviendo después de hacerlo", ha afirmado el investigador de la Universidad de Exeter Sam Ellis en un comunicado de su institución. "Entre las orcas, la razón para dejar de reproducirse llega de que tanto sus hijos como sus hijas permanecen con la madre durante toda la vida. Por eso, cuanto mayor es la hembra, hay más hijos y nietos suyos en el grupo", añade. "Estas relaciones tan estrechas significan que, si ella sigue teniendo crías, va a competir con sus propios descendientes por recursos como la comida", prosigue.

En un artículo publicado en  Current Biology, los mismos autores ofrecían un motivo por el que las orcas vivían tanto tiempo después de dejar de reproducirse. Según observaron, las hembras menopáusicas eran las encargadas de guiar al grupo familiar cuando salía a cazar salmones, un alimento clave para la supervivencia de las orcas. La sabiduría de las ancianas ayudaría así a conservar los genes de su familia. Además, el equipo de la Universidad de Exeter, con un seguimiento que se remontaba a 1973, comprobó que cuando una orca y su hija criaban en el mismo año o el siguiente, la cría de la primera tiene 1,67 veces más probabilidades de morir antes de los 15 años. Esto no pasaba cuando la orca madura se reproducía en periodos en los que su hija no lo hacía.

"Las hembras de muchas especies siguen siendo líderes hasta el final de sus días, pero siguen reproduciéndose. Este nuevo trabajo revela que las hembras más viejas llegan a la menopausia porque pierden la competición reproductiva con sus propias hijas", añadía entonces Darren Croft, autor principal del trabajo.

Aunque con los narvales o las belugas no se han realizado seguimientos tan prolongados como con las orcas, los autores del artículo que hoy se publica en  Scientific Reports recogieron información de ballenas muertas de 16 especies y encontraron ovarios inactivos en hembras de narval y beluga. Con estos datos, los investigadores plantean que estos animales tendrán estructuras sociales similares a la de las orcas en la que las hembras tienen cada vez más parientes cercanos viviendo a su alrededor conforme se hacen mayores.

Los responsables del trabajo creen que nuestros ancestros también se enfrentarían a unas circunstancias similares en las que las humanas, como sucede con las orcas, seguirían ayudando a la supervivencia de todo el grupo aunque ya no se reprodujesen. "Es difícil estudiar el comportamiento humano en el mundo moderno porque está muy lejos de las condiciones en las que vivían nuestros ancestros", señala Croft. "Mirar a especies como estas ballenas puede ayudarnos a reconstruir cómo evolucionó una estrategia reproductiva tan poco frecuente [en la que se incluye la menopausia]", plantea.