Reynosa

1910-1920. Vida y Muerte en la Frontera

Nueva exposición del Museo Estatal Bullock en Austin, Texas, intenta mostrar los sucesos históricos que han dejado desconfianza entre los dos países

  • Por: Sonia Hernández
  • 24 / Enero / 2016 -
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1910-1920. Vida y Muerte en la Frontera

VIOLENCIA. Tres rancheros de Texas en una postal de la época, ante los cadáveres de cuatro presuntos bandidos mexicanos.

Ph. D. en Historia, Texas A&M University

Los documentos  y artefactos que ahora exhibe  el Museo Bullock  en Austin, Texas,  representan una muestra de un suceso histórico que dejó una desconfianza que no se ha disipado de los dos países  de esta frontera,  pero sí han permeado sus relaciones  durante los últimos 100 años.

“Aunque el Plan de San Diego  y el anarquismo que lo inspiró cayeron en el olvido para la conciencia de ambas naciones, las consecuencias residuales del  movimiento perduran”.

Uno de los episodios más violentos en la memoria histórica de la frontera entre Texas y México ocurrió durante los años de 1915 y 1916. Las comunidades de origen mexicano en el sur de Texas,  especialmente en la región conocida como el Valle del Bajo Río Grande, sufrieron las peores atrocidades raciales por parte de  los rinches (“rangers”) de Texas, soldados del Ejército americano, vigías civiles y autoridades locales.  

Durante  las dos primeras décadas del siglo XX, la expansión del ferrocarril hacia la frontera al sur de Corpus Christi y la introducción del nuevo sistema de riego por bombeo provocaron la inmigración masiva de ciudadanos de los Estados Unidos hacia el río Bravo o Río Grande, creándose nuevos cultivos en el fértil delta del mismo.

Con el tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), las villas del norte a lo largo del río habían cedido las tierras de agostadero para sus ganados; en el caso de Reynosa perdió las tierras que ahora forman los condados de Hidalgo, Willacy y Cameron. 

A pesar de esto, para 1900 la mitad los habitantes en el lado de la frontera de Texas eran de origen mexicano. 

Durante la última mitad del siglo XIX un equilibrio social precario subsistió a través de matrimonios interraciales y uniones de compadrazgo donde el inglés era el idioma oficial en la política, economía y el orden legal, mientras que el español dominaba la vida cotidiana en el trabajo y en los hogares, así como en fiestas y bailes.    

Al inicio del siglo XX el sur de Texas atravesó por profundos cambios económicos y demográficos que fracturaron el antiguo orden social, intensificando la discriminación contra  los mexicanos. 

El crecimiento demográfico favorecido por la inmigración norteña comprimió la tasa de  población de descendencia mexicana hasta un 25 por ciento.

La razón provenía del cambio drástico de una economía de ranchos ganaderos mexicanos, que tenían origen desde la colonización del Nuevo Santander en el siglo XVIII,  a una  economía marcada por sistemas de riego de la agricultura anglo americana.

La nueva inmigración creó nuevas comunidades como es el caso de McAllen y San Benito, donde la segregación racial fue implantada por las compañías fraccionadoras de tierras de esos años,  como la  “McAllen Real Estate Board and Delta Development Company” o la  “San Benito Land and Water Company.”   

La segregación estaba fundada en la separación física de los pobladores de acuerdo con su origen étnico y social: mexicanos y blancos; existió en escuelas, iglesias, distritos residenciales, así como en lugares públicos tales como restaurantes, teatros y barberías, etc.  

En el valle del Bajo Río Bravo, los especuladores compraban tierras ganaderas a bajos precios revendiéndolas a costos mayores como tierras de cultivo, apoyados por los nuevos sistemas de riego.  

Ya en 1910,  un periódico de Laredo, Texas publicaba que  “las tierras que principalmente pertenecían a mexicanos pasaron a manos de los americanos”.

Para 1920, cerca del 80% de los propietarios de descendencia mexicana en el suroeste de los Estados Unidos habían perdido sus patrimonios.

Desde las últimas décadas del siglo XIX, la frontera de Texas se utilizó como plataforma de rebeliones en contra del régimen de don Porfirio Díaz.  

El periodista matamorense, Catarino Erasmo Garza Rodríguez, logro formar un ejército de más de mil hombres que incursionaron en  tres ocasiones al territorio mexicano desde esa frontera de Texas. 

Fue en las inmediaciones de Río Bravo, Tamaulipas,  donde presentó una proclama para la remoción del régimen porfirista.  En sus publicaciones se le reconoce como un tenaz defensor de los derechos de los mexicanos en Texas a finales de ese siglo.

Con el inicio del movimiento armado de la Revolución de México, las relaciones entre angloamericanos y  mexicoamericanos o tejanos empezaron a deteriorarse.

Los residentes de origen mexicano en el Valle de Texas acogieron las ideologías de la revolución relacionada con  el derecho a tierras productivas, trabajo, derechos de la mujer, democracia, justicia  y libertad. 

La revolución también movió un gran número de inmigrantes refugiados hacia el  sur de Texas, que venían huyendo de la violencia en México. 

La periodista nativa de Laredo, Jovita Idar, apoyó con sus escritos al movimiento revolucionario de México en el semanario de su padre conocido como La Crónica.

Desde El Progreso de Laredo, Texas,  denunció a los “rangers” de Texas por sus atrocidades en las muertes  de mexicanos y mexicoamericanos, incluyendo algunos linchamientos. 

Su activismo político la llevó a denunciar editorialmente al Presidente Woodrow Wilson por el envío de tropas a la frontera en 1913, cifra que alcanzó a los 110 mil hombres tres años más tarde.   

Debido a sus publicaciones, los rinches clausuraron El Progreso, regresando posteriormente al semanario, del cual se hizo cargo a la muerte de su padre. 

A principios del enero de 1915 apareció lo que se conoce como el Plan de San Diego, relacionado con el nombre de un pueblo del condado de Duval, Texas, a menos de 200 kilómetros al norte  de la frontera.  

Era un plan que incluía 15 cláusulas de un movimiento separatista, firmado por nueve personas que invitaban a mexicanos nativos, estadounidenses de ascendencia mexicana, afroamericanos, indígenas y japoneses a rebelarse contra la población angloamericana en los estados fronterizos  para recuperar Texas, Nuevo México, Arizona y California;  hacía también  el llamado para eliminar a todo “hombre blanco mayor de 16 años y traidores a la raza.”

El Plan de San Diego fue descubierto unos días después  de ser redactado, cuando uno de los líderes rebeldes, Basilio Ramos, quien había estado en prisión en Monterrey, fue arrestado en McAllen, Texas. Ahí  se le halló una copia escrita del plan y los Estados Unidos respondieron inmediatamente incrementando sus tropas en la frontera.

Fue en el verano y otoño de ese año cuando el plan  influyó en asesinatos raciales de odio en los condados de Hidalgo, Starr y Cameron del Bajo Rio Grande.  

Los asesinatos fueron  atribuidos  a partidas de individuos que cruzaban el río desde México y a los “rangers” de Texas que veían a todos los mexicanos como sediciosos. Aunque aminoró la violencia y el terror en  frontera en el otoño de 1915 resurgiría en primavera del siguiente año de 1916.

Además del Plan de San Diego se le atribuye al periódico Regeneración, del anarquista Ricardo Flores Magón, la ideología que llevaría a los brotes violentos de población mexicana y mexicoamericana, ante una situación que tenía que ver más con los cambios económicos, políticos y sociales;  el escenario de violencia en el Valle de Texas  surgía del repentino choque cultural provocado por una masiva inmigración angloamericana a un territorio ocupado por una población enraizada  a un pueblo  que se encontraba en vísperas de una revolución.    

Hasta hora la historia americana acuñaba este pasaje como época de bandolerismo (Bandit Era), en su forma de excusar las matanzas de la población nativa.  

Los historiadores y estudiosos que forman parte de este nuevo esfuerzo por recuperar el pasado consideran que aproximadamente  300 personas de descendencia mexicana perdieron sus vidas durante estos eventos. 

En este proyecto se encuentra el Dr. John Morán Gonzáles (UT Austin), Dra.  Mónica Muñoz Martínez (Brown University), Dra. Sonia Hernández (Texas A&M University), Dr. Trinidad González (South Texas College) y el Dr. Benjamín Johnson (Loyola-Chicago University). 

La Dra. Muñoz Martínez ha recabado entrevistas entre algunos familiares de las víctimas de estos acontecimientos; enfatizando la necesidad de llevar a la luz pública estas historias de  las familias que han luchado por años, para que el estado les reconozca las atrocidades cometidas en contra de víctimas inocentes. 

Es  tiempo que el ciudadano de Texas y el mundo conozca estos episodios de violencia y reflexionen más ampliamente en el rol del gobierno en tales sucesos, promoviendo una historia digna que incluya las voces de todos los participantes. 

La exhibición incluye artefactos antes no vistos que brindan un homenaje  y retribución a los  familiares de las víctimas; cuenta con documentación histórica sobre el gobierno americano, la situación de México durante la Revolución Mexicana y artefactos que señalan la perseverancia de la comunidad mexicana en Texas. 

La exposición “Vida y Muerte en la Frontera 1910-1920” estará en exhibición   hasta el 3 de abril de 2016 en la Galería Rotonda del Museo Bullock en Austin, Texas. Incluye  museografía  en español e  inglés. 

Para más información sobre el proyecto ver refusingtoforget.org. 

Antropólogo Martín Salinas Rivera Cronista Municipal de Reynosa

1910-1920. Vida y Muerte en la Frontera

CRUELDAD. Los rangers fueron denunciados por las atrocidades cometidas en contra de los mexicanos y mexico-americanos, que incluían linchamientos.

1910-1920. Vida y Muerte en la Frontera

 CANTANTE. La exposición también muestra este vestido de la cantante, Lydia Mendoza, nacida en Houston en 1916.


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