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‘Empleados tóxicos’

  • Por: GERARDO MORENO
  • 20 ABRIL 2017
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‘Empleados tóxicos’

Actualmente le estoy dando un curso de desarrollo humano e integración de equipo a una empresa y es impresionante comprobar como una manzana podrida contamina al resto de la canasta. Les diré una cosa, cuando una empresa requiere imperiosamente hacer recorte de personal, los primeros empleados a los que despedirán son a los que peor actitud tengan, independientemente de que sus aptitudes sean “excelsas”.

De acuerdo a estudios de La Universidad Panamericana, un empleado tóxico le cuesta alrededor de 12 mil dólares anuales a una compañía, ¿lo puedes imaginar? ¡Es un dineral! Este mismo estudio reveló que entre un cinco y un 15 por ciento de los empleados de una empresa (mediana o grande) tienen un perfil tóxico.

¿Qué tipo de actitudes más comunes podríamos considerar como tóxicas en la personalidad de un empleado?

• Desleales. Aparentemente apoyan las iniciativas, sin embargo, traicionan por la espalda. 

• En constante desacuerdo. Viven en quejilandia y no comulgan con la visión o filosofía de la empresa. 

• Soberbios y egotistas. “Nunca se equivocan” y son expertos en repartir culpas cuando algo sale mal en lugar de buscar soluciones, es decir, son cero proactivos. 

• Holgazanes. Jamás dan valor agregado a la empresa y que esperanzas que se queden más tiempo de su hora de salida. 

• El comunicativo.  En otras palabras, “el chismoso lleva y trae” y que es experto en amarrar navajas y agitar las aguas.  

¿Te identificaste o vino a tu mente algún compañero con los arquetipos y características anteriores? Entonces, continúa leyendo y reconoce más de sus rasgos:

• “Así soy yo”. Es el típico que ha tenido más de tres llamadas de atención (y retroalimentación) por los mismos errores o necedades y, aun así, sigue haciendo su regalada gana. 

• “Mi plusvalía es mejor que la de los demás”. Son esos empleados sobre-valuados y que cuentan con grandes credenciales, currículo y recomendaciones, no obstante, de lo único que pueden pavonearse es de sus títulos, porque cero dan los resultados esperados. 

• “Voy derecho y no me quito.” En contraste al ejemplo anterior, este tipo de empleado da excelentes resultados, pero con la peor de las actitudes. Andan de malas, de un genio negro, intolerantes y hasta groseros. A largo plazo, créanme, sale más caro el caldo que las albóndigas. 

• “Los de mírame y no me toques”. En otras palabras, los intocables. Son los que se codean con los altos mandos y por ende, utilizan sus «palancas» para obtener beneficios y, cabe mencionar, en algunos casos son líderes muy nocivos ya que descalifican a sus superiores y la honorabilidad de la empresa, por supuesto a sus espaldas, porque de frente, son magníficos lame huevos. 

• “El Superman”.  Clásico que no sabe decir que no. A todo dice que sí, pero nunca cuando. Acepta responsabilidades para las que ni siquiera está capacitado, pero su inseguridad le impide pedir ayuda por temor a que los demás vean que si existe la «kriptonita» que lo podría debilitar. 

Como podrás darte cuenta, estos síntomas o características son más comunes de lo que creemos. Algo que descubro con frecuencia es que hay muchas personas que aborrecen su trabajo y, la verdad, que triste. Sé que mucha gente trabaja meramente por necesidad económica (o de supervivencia) y si es tu caso, de verdad, te recomiendo que comiences a hacer un plan “B.” Ninguna empresa es responsable de las buenas o malas decisiones que has tomado en tu vida, sin embargo, tiene todo el derecho de decidir si sigues trabajando para ella o no. 

No te estoy invitando a que renuncies, sino a que armes una estrategia y puedas permitirte crecer. Estamos en una era donde las opciones para capacitarte están al alcance de un teléfono, tableta o computadora fija. Todo cambio genera resistencia y algo de incomodidad, sin embargo, la recompensa de dedicarte a algo que realmente disfrutes no tiene precio y te lo firmo, siempre te irá bien. Bien lo dice Paulo Coelho: “Cuando quieres algo, todo el Universo conspira para que realices tu deseo”. Lo he comprobado y me sigue sorprendiendo el Universo. Pon cartas en el asunto, acción y paciencia. Mantente atento y observa cómo te responde el Universo. Nos leemos pronto ¡y anótele!

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