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Apólogos orientales

14 enero 2011

 
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Carenio, joven educado, invitó a salir a Nalguria, muchacha de opulentas formas pero de cultura exigua.
Al final de la cita dice él: "-Estaré lejos los próximos seis meses, Nalguria, pues voy a estudiar fuera.
¿Aceptarías tener conmigo una relación epistolar?".
"-Claro que sí acepta ella-.
¿Vamos a algún lado o nos pasamos al asiento de atrás?".
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Contaba una señora: "-En cierta ocasión mi marido empezó a hacerme el amor cuando el reloj marcaba la media noche exacta, y terminó cuando las manecillas señalaban la una y un minuto de la mañana.
Pero fue aquella vez en que se adelantó el reloj una hora para ahorrar luz".
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Babalucas conoció a una linda muchacha.
De buenas a primeras le dice con torpe atrevimiento: "-Rosilí: te doy 500 pesos si aceptas ir conmigo a mi departamento".
"-Te equivocas, -responde ella con toda calma y dignidad-.
No soy de las que hacen eso".
"-¡Ah! -se alegra Babalucas-.
¿Entonces no me vas a cobrar?".
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El marido llama por teléfono a su esposa.
"-Tengo mucho trabajo en la oficina -le dice-.
No llegaré a la casa antes de la medianoche".
Le pregunta la señora: "-¿Puedo estar segura de eso?".
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He aquí un apólogo oriental: "El califa de Bagdad salía todas las noches de su palacio disfrazado de mendigo a fin de conocer lo que pensaba de él la gente.
Un día le preguntó a un mendigo: '-¿Qué piensas del califa?'.
Respondió el mendigo: '-La noche es noche.
El destino vaga.
Duerme el caballo.
La flor es blanca'.
Desde ese día el califa gobernó conforme a las palabras del mendigo y llegó a ser el mejor califa de Bagdad".
¿Qué significa ese apólogo? ¡Nada! El apólogo que acabo de narrar tiene el gran mérito de ser el único apólogo oriental que no significa absolutamente nada.
Todos los apólogos orientales contienen alguna enseñanza.
Por ejemplo el famoso apólogo oriental llamado "Lo que un Perro le Enseña a Ben-Ezra" enseña a no andar descalzo por la calle porque puedes pisar una caca de perro.
Sin embargo el apólogo que narré no contiene ninguna enseñanza.
Lo único que contiene son palabras: la noche es noche, el destino vaga, duerme el caballo, etcétera.
No todos los apólogos orientales tienen la obligación de enseñar algo.
Si tal deber tuvieran habría que pagarles.
Y hasta ahora no he visto ninguna nómina en que venga un apólogo oriental con sueldo.
Comparables al apólogo que narré son las palabras de muchos políticos nuestros.
Y es que ellos usan las palabras no para decir algo sino para callar todo.
Ya es tiempo, digo yo, de que los políticos hablen menos y la gente común hable más.
Cuando la gente común hable sus palabras significarán mucho.
(¡Bófonos!) .
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Nalgarina Grandchichier, mujer de anatomía exuberante, le hizo una confidencia a su vecina.
"-Estoy teniendo una relación con un hombre casado -le contó-.
Es muy feo, es el hombre más tonto del mundo, no tiene en qué caerse muerto y es malísimo en la cama, pero no sé por qué le he tomado cariño y no lo puedo dejar".
Esa noche la vecina le pregunta a su marido: "-¿Estás teniendo una relación con Nalgarina?".
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El juez reprendía severamente al malhechor.
"-Veo en su expediente -le dice- que le robó usted todo el dinero que traía a esa pobre mujer, y no contento con eso la violó".
"-Sí, señor juez- reconoce humildemente el tipo-.
El dinero solo no da la felicidad".
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La mamá de Pepito notó que su hijo usaba a cada rato la palabra "indejo".
"-Hijito -le propone-.
Te daré cincuenta pesos si ya no dices esa palabra tan fea".
"-¡Juega! -acepta Pepito muy contento-.
¡Y sé otra que vale por lo menos 200!".
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Los escoceses tienen fama de ser muy ahorrativos.
Uno le compró anteojos a su mujer, que desde hacía mucho tiempo los necesitaba.
Le dice al entregárselos: "-Y te los quitas cuando no estés viendo nada ¿eh?".
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Para terminar he aquí un chiste que no entendí.
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Grandpitol, robusto campesino francés, asistió en París a un teatro de burlesque.
Al terminar la función dice al encargado: "-No encuentro mi sombrero".
"-Monsieur -le responde éste-.
Lo trae colgado abajo".
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FIN.

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» QUIÉN ES Armando Fuentes Aguirre, (Catón)...

Es un escritor y periodista nacido el 8 de julio de 1938 en Saltillo, Coahuila, México, siendo hijo de Mariano Fuentes Flores y Carmen Aguirre de Fuentes. Es famoso por su humor, el que ha plasmado en su obra escrita. A los quince años de edad obtiene la licencia de locutor de radio. Abogado por la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, es maestro en Lengua y Literatura, así como maestro en Pedagogía, por la Escuela Normal Superior de Coahuila. Director del Ateneo Fuente y de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la misma Universidad. Desde la década de los ochenta fue nombrado cronista oficial de la ciudad de Saltillo. En 2003 le otorga la Universidad Autónoma de Nuevo León el Doctorado Honoris Causa.

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