Arma capo otro motín
Apodaca, Nuevo León / Reforma, Universal -22 febrero 2012
Reos incendian ambulatorios; soldados y PF sofocan rebelión con 16 heridos
Un operativo para trasladar a un capo de los Zetas y sus dos cómplices del penal de Apodaca a Puente Grande, Jalisco desató un nuevo motín de reos que fue sofocado por efectivos del Ejército y de la Policía Federal.
El saldo, según fuentes oficiales, fue de 16 lesionados tras dos horas de refriega.
El pasado domingo, se produjo una fuga de 30 reos, presumiblemente del grupo criminal los Zetas, y simultáneamente se desató un enfrentamiento entre presuntos reos de esa banda e internos de un grupo rival con un saldo de 44 muertos.
El Juez Tercero de Distrito en Nuevo León ordenó ayer trasladar a una prisión de máxima seguridad a Marco Garza de León Quiroga "El Chabelo", presunto operador de los Zetas en la entidad, y dos de sus colaboradores, identificado como Jorge Gámiz Vega "El Extraño" y Mario Alcorta Ríos "El Junior", quienes desde enero estaban internados en ese reclusorio.
Un avión de la PGR aguardaba en el Aeropuerto de Mon-terrey, a unos kilómetros del penal, con el objetivo de llevar a cabo el traslado.
Efectivos del Ejército y de la Policía federal ingresaron al penal a las 18:00 horas para cumplimentar la orden del juez.
También entraron efectivos de la Policía Federal y Fuerza Civil.
Un blindado de ataque conocido como "El Rinoceronte", perteneciente a la PF, ingresó junto con otros vehículos y patrullas militares y policiacas.
"El Rinoceronte" tiene escotillas especiales desde donde puede avistarse el exterior e incluso disparar.
Dentro de ese vehículo se tenía programado transportar sobre la medianoche a los reos.
Pero cumplimentar la orden de un juez resultó un infierno.
Tras el ingreso de los uniformados se desataron protestas y resistencia de reos; hubo quemas de colchones, cobijas y otros objetos.
Las fuerzas demoraron dos horas en sofocar la revuelta y poner orden entre los dos mil 700 reos del penal.
Durante el operativo se escucharon detonaciones y se apareció fuego y humo.
No se tuvo claridad de quien inició las detonaciones, pero se escucharon ráfagas al tiempo que eran visibles las estelas de fuego y humo desde el interior del penal.
Familiares que se encontraban afuera comenzaron a inquietarse y cuando escucharon las detonaciones intensificaron su protesta.
Quemaron pasto seco, basura, lanzaron piedras e intentaron derribar la alambrada exterior del penal.
Tras el sofocamiento de la revuelta al interior del penal, efectivos federales tomaron control del exterior.





