ARCHIVO TEMÁTICO | CLIMA

Mantienen viva la leyenda del Niño

Mina, NL./ Agencia SUN/El Mañana -21 marzo 2013

El ritual comienza en el Pirulito, el árbol sagrado de los fidencistas.

EN EL CHARQUITO. Los feligreses, provenientes de diferentes puntos del país y el extranjero, participan en los rituales con los que se venera la memoria del Niño Fidencio.

De ahí, los feligreses que viajaron de diferentes partes del país hasta el Espinazo, una pequeña comunidad de Mina, Nuevo León, en espera de un milagro, realizan una procesión a la Tumba del santo José Fidencio Constantino Síntora, mejor conocido como el Niño Fidencio.

El camino es escarpado y los rayos del sol abrasan hasta el alma.
Pero nada quebranta su fe.
Algunos, realizan la penitencia de rodillas, otros rodando sobre su cuerpo.

Encabeza la peregrinación un Cajita o Materia, que son los médiums que prestan su cuerpo al espíritu de Fidencio para que por medio de ellos pueda realizar curaciones y conceder gracias.

Entre cantos de los fieles y música de conjuntos norteños que interpretan las canciones favoritas del Niño Fidencio, los peregrinos arriban a la Tumba.

Depositan ofrendas, exponen ruegos, oran.
De ahí parten a el Charquito, donde culminan el ritual.
Es un lugar sacro; Fidencio, el hombre que nació en Guanajuato en 1898 realizaba sus curaciones en él.

Ahora, son los Cajitas quienes en su nombre arrancan las enfermedades sumergiéndolos en el lodo y “murmurando palabras que el espíritu del Niño les pone en los labios”.

El Espinazo es una comunidad que colinda con Coahuila en una región desértica y despoblada.

La fama de este lugar surgió gracias al Niño Fidencio, cuyos conocimientos en herbolaria y sanación llegaron a oídos de Plutarco Elías Calles, Presidente de México en 1927, y que fue a ver a este curandero debido a un problema que traía.

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