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Mona Lisa de cartón

El Mañana -22 febrero 2012

Apostar a ganar la Presidencia de la República con el único aval de ser mujer, es muy aventurado; más en las actuales circunstancias que vive el país: campo desolado, industria semiparalizada, comercio inhibido, pésimos servicios de educación y salud pública, desempleo y encarecimiento constante de bienes y servicios, además de inseguridad y desconfianza.


México, en esta hora, requiere de un liderazgo fuerte, lúcido, informado y formado en el quehacer público; necesita de un político que sea capaz de comunicarse con todos los estratos de la sociedad y de entender y hacerse entender.
La mística sonrisa de la Mona Lisa, dibujada en un rostro acartonado, es insubstancial, inútil para ganar una presidencia, así fuera de una sociedad de padres de familia.

Eso debe entenderlo Josefina Vázquez Mota, abanderada del Partido Acción Nacional en la contienda que está en receso por esos caprichos del árbitro electoral que no puede, otra vez, salir con domingo siete el próximo primero de julio.
La cuasi cuaresma política y la Cuaresma, son una buena oportunidad para que Vázquez Mota incorpore contenido a sus discursos y congruencia a su actitudes.

Bueno sería que entendiera que salir con frases trilladas, lugares comunes y hasta francas tonterías cuando se le cuestiona, no le gana adeptos.
Que la sonrisa constante más parece mueca que muestra de alegría, de contento, de comodidad, de empatía.
Que su mayor timbre de orgullo: ser mujer, no le bastará para solucionar los graves problemas que padece la comunidad nacional, embestida inmisericordemente por los cuatro jinetes del Apocalipsis, como en ninguna otra época de la historia.

Ganó las elecciones internas de su partido porque los panistas están hartos del “hijo desobediente” y repudian todo lo que huela a Felipe Calderón.
En la medida que Ernesto Cordero buscaba respaldarse con el apoyo del presidente, los miembros, simpatizantes y adherentes del Partido Acción Nacional acendraban su convicción de hacer de Josefina la candidata, aunque fuera tan arriesgado.
Tenían la esperanza de que pudiera crecer.
Ojalá lo haga, aunque bien sabido se tiene que “Salamanca no presta lo que Natura no da”.

Felipe no le ayudó a su gallo, que resultó puro pollo; pero, tampoco le ayuda a Josefina.
Esa tontería de poner un letrero de “No more weapons” en la línea fronteriza para inhibir el paso de armas de Estados Unidos a México, es de verdadera antología; sólo comparable con el aviso que puso Antonio López de Santa Anna en un periódico de Nueva York, ofreciendo cualquier parte del territorio nacional a persona, institución o país que estuviera interesado, con precio a convenir.

Desde que Santa Anna vendió la mitad del territorio mexicano en el siglo XIX, ningún presidente mexicano había sido tan ingenuo al tratar con el vecino del norte, ni siquiera Victoriano Huerta.
Calderón es el junior de un verdadero político que contribuyó a la creación del PAN y que renunció a ese partido cuando cayó en manos inescrupulosas, que desconoce la historia nacional y por lo tanto, no puede entender que el poder de los Estados Unidos está en las armas.
Que su economía está vinculada directamente con la industria bélica, tanto con la producción de armas, como con el uso de ellas para salvar al mundo.

Pedir al vecino que frene la producción y venta de armas, es como pedir que renuncie a su naturaleza; como pedirles que atenten contra su filosofía y su historia; que se sometan al interés de una nación que es incapaz de gobernarse a si misma, poniéndose como el negro de la feria, para que todos le tiren; es un absurdo total y absoluto que avergüenza a México, aunque no a Calderón.

Lo que el presidente de México debe hacer, es exigir a su gente, a sus empleados tan bien pagados, que impidan el ingreso de armas al país.
Que los muchachos que vinieron a substituir al Resguardo Aduanal Mexicano cumplan cabalmente su cometido, cerrado el paso a las armas en los puentes internacionales, en los puertos y aeropuertos, porque éstas no ingresan por osmosis.
Que las corporaciones federales diseminadas por toda la geografía nacional, impidan su tránsito por carreteras y caminos a su cuidado.

Históricamente, los Estados Unidos son un proveedor de armas.
Lo fueron durante la guerra de Independencia, lo fueron durante la invasión francesa, lo fueron durante la Revolución Mexicana; pero, después de ésta, los gobiernos mexicanos supieron tomar las medidas necesarias para impedir el ingreso de armas de uso exclusivo del Ejército, según la ley.
Por el puente pasaba todo lo que cupiera, menos lo que estaba prohibido.
Lo prohibido eran las armas automáticas de asalto y de mayor capacidad destructiva.
No pasaban y no pasaban.
Con los gobiernos panistas pasan y seguirán pasando si a la Presidencia llega una persona que sólo le apuesta a ser mujer, con una sonrisa mística acartonada.

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