Calderón, tal cual es...
Por Julio Scherer García / Proceso -14 febrero 2012
En su nuevo libro, Julio Scherer García utiliza las herramientas esenciales del periodismo – testimonios, entrevistas, documentos- para explorar el comportamiento público y la personalidad de Felipe Calderón. Con base fundamental en una serie de esclarecedoras conversaciones con el exdirigente panista Manuel Espino, la investigación del fundador de Proceso aporta elementos clave para entender rasgos sobresalientes –entre otros, su gen autoritario, su afición a la bebida, su proclividad a la ingratitud y la traición- del hombre que carga sobre sus espaldas una guerra de seis años y 50,000 muertos. Adelantamos fragmentos representativos del libro que en días próximos pondrá en circulación el sello Grijalbo de Random House Mondadori.
–Segunda parte–
“Le propuse que platicáramos.
Me invitó a cenar a la Barraca Orraca, un restaurante ubicado en Insurgentes Sur y Eje 5.
Era cliente del establecimiento al que asistía regularmente con sus amigos: Juan Camilo Mouriño, Alejandro Zapata, Francisco Blake, Cuauhtémoc Cardona y Jordy Herrera.
”Instalados en la Barraca, solos, pedimos, a instancias de Calderón, la primera bebida.
Y luego otra y otra.
Yo le seguí el paso y le hice al valiente, pero no pude alcanzar el mismo ritmo.
”Ahí empecé con un reclamo: por qué hablaba de una novia que nunca existió.
Me dijo que había sido don Luis H.
Álvarez el autor de la versión.
Y remató:
”—Y tú sabes que él tiene autoridad.
”—Ah, lo dijo don Luis, pues ahora le reclamo por teléfono —y le dije a Calderón que lo llamaría de inmediato.
”No fue necesario.
Me pidió disculpas y aseveró que un grupo de panistas platicaba en una reunión donde participaba Luis H.
Álvarez, pero que él nada había dicho a propósito del asunto”.
Continuaron los reclamos, apuntó Espino:
“—Tú dijiste que yo pretendía ser coordinador parlamentario, que ambicionaba mucho poder.
Felipe, yo no dije eso.
”—De buena fuente sé que lo dijiste.
”Cuando la versión salió publicada en varios medios, hasta en Proceso, me parece, yo me sorprendí.
Llamé a Jordy Herrera, su agregado de prensa en el grupo parlamentario, para indagar de dónde provenía la versión de que yo me apuntaba como relevo de Calderón en caso de que fuera candidato al gobierno de Michoacán.
Herrera admitió que Felipe le había dicho que ‘soltaran’ la versión.
”—Fue Jordy el que me lo contó, Felipe.
”—Yo no le tengo confianza.
Es un muchacho mentiroso.
”—¿Me crees?
”Sin más, le hablé a Jordy y le dije que en esos momentos me encontraba con Felipe, quien reclamaba mi autopromoción en el pan.
”—Jordy, tú me dijiste que él te lo dijo.
¿Es así o no?
—Jordy asintió—.
Te paso a Felipe por el teléfono.
” Continuaba la discusión esa noche larga.
Cuenta Espino que Calderón le dijo:
“—Como secretario general del PAN has tratado muy mal a Margarita [Zavala].
”—¿En qué consiste el maltrato? Siempre le doy su lugar.
Ella es la secretaria de Promoción Política de la Mujer.
No tiene de qué quejarse.
”—La tratas muy mal, eres indiferente.
No le das apoyo.
”Discutíamos otros temas y no sé a qué hora o cuánto tiempo después de nuestra última discrepancia, llegó Margarita Zavala.
Yo le había dicho a Felipe que ya era hora de que nos fuéramos, pero él quería seguir bebiendo.
”Dijo Margarita:
”—Felipe, te he estado buscando.
No te reportas, tu chofer me dice que no me puede decir dónde estás.
Lo forcé a que me diera tu paradero y por eso estoy aquí.
Ya habíamos quedado en que no ibas a tomar.
”—Perdóname por haber venido a platicar con tu marido, Margarita.
Ya hemos hablado.
Te ofrezco una disculpa, no era ésa mi intención.
”—No te preocupes, Manuel.
”—Discúlpame, pero ya estás aquí, Margarita.
Felipe dice que yo te trato mal en el comité ejecutivo del partido, que no te doy tu lugar, que no te apoyamos.
¿Te hemos faltado en algo, Margarita?
”—¿De dónde sacas tú eso? —Margarita voltea hacia Felipe y le dice—: ¿cuándo me he quejado yo?
”Y abandona el local”.
****
”Ya en la transición de un gobierno a otro, me invitó a comer Juan Camilo Mouriño.
Asistí a la cita con el doctor Enrique Navarro, secretario general de Fortalecimiento Interno de Acción Nacional.
El doctor Navarro formaba parte de mi equipo en la dirigencia del partido.
”Mouriño me dijo, sin esconder una sola palabra:
”—Nos interesa la dirigencia del partido.
”—¿A quiénes? —pregunté en el mismo tono.
”—Al presidente, a nosotros, su equipo…
”—¿A qué se refiere con eso de ‘nos interesa’?
”Me explicó, claridoso:
”—Queremos que el partido esté dirigido por una persona de nuestra confianza y te proponemos que renuncies antes de la toma de posesión del presidente Calderón, el primero de diciembre.
Tú sabes que hay ciertas diferencias, no hay entendimiento ni mucha confianza.
Lo más sano es que Felipe Calderón inicie su gestión con un presidente del partido de su confianza.
Puedes irte como embajador a España.
”—Dile al presidente que no tienen de qué preocuparse.
Yo les he mostrado el apoyo institucional y desde el partido tendrán ese mismo apoyo en todo aquello que sea para bien del país.
En lo que no estemos de acuerdo, pues lo platicamos.
Ofrézcanme una embajada, si quieren, cuando yo termine mi período, pero no antes, no ahora.
”Recibí el primer ofrecimiento a través de Juan Camilo.
A los pocos días vi a Calderón en su oficina.
Le dije:
”—Estoy preocupado porque Juan Camilo me hizo un ofrecimiento e hizo explícito que era a nombre tuyo.
”—Mira, Manuel, entre tú y yo existe una relación como la que se da en un matrimonio que ya no se entiende.
Lo más saludable, llegado el caso, es el divorcio.
Entonces, cada uno sigue su camino.
Pero el partido tiene que mantenerse muy cerca del gobierno, plenamente coordinados los dos órganos.
”Calderón continuó, sobradamente enfático:
”—Yo necesito un presidente diferente, con el que sí me pueda entender, y tú y yo no nos entendemos, Manuel.
”—No nos entendemos en asuntos que a veces no van con la conducción democrática del partido ni con sus principios.
En lo que sea para bien del país y honre la democracia del PAN, no vamos a tener problema alguno, Felipe.
”—Yo necesito la dirigencia del partido y creo que vale la pena que tomes en cuenta lo que te propuso Juan Camilo.
”—Juan Camilo me hablaba sobre la embajada de España.
Y me dijo: ‘Piénsalo, hombre, puede ser esa embajada o puede ser otra.
Felipe necesita la dirigencia del partido’.
”Seguí, con el énfasis ahora por mi cuenta:
”—No es necesario que sigamos platicando.
Yo ahora te digo que no, que voy a terminar en la presidencia del partido.
”
Espino puntualiza:
“Las reuniones que llegué a tener con Felipe Calderón, ya como presidente de la República en funciones, ocurrían los lunes por la tarde.
Así había quedado establecido desde el tiempo de Fox.
Su objetivo consistía en coordinar los trabajos del gobierno con el partido.
”Fox y Calderón tenían diferencias sustanciales.
Fox planteaba las reuniones en términos de la coordinación.
Calderón, no.
Él determinaba lo que debería hacerse tanto en el gobierno como en el partido.
Escuchaba poco.
”Supe desde entonces acerca del carácter autoritario de Calderón y de su temperamento hirviente.
Solía regañar a algunos de sus colaboradores e imponer la agenda del partido.
Tuve la impresión de que le dedicaba más tiempo a las relaciones personales que a los asuntos de Estado.
Yo me acomodaba a su manera de ser pero me resistía a la subordinación del PAN frente a Los Pinos.
”Ya rumbo a la elección de gobernador en Yucatán, en 2007, Felipe Calderón me dijo:
”—Hay que bajar a Ana Rosa Payán en su intención de ser candidata.
Hay que pensar qué pudiera interesarle; a lo mejor una subsecretaría de Estado o una dirección general.
”Como dirigente del partido, le dije que esa tarea a mí no me tocaba y no la iba a cumplir.
Razoné con palabras que me parecieron sobradamente claras: si Ana Rosa Payán quería gobernar a su estado, estaba en pleno derecho de intentarlo y yo no tenía por qué disuadirla.
Si ganaba, bien, y si no, que los panistas decidieran”.
****
Felipe Calderón Hinojosa tuvo la cercanía de dos personalidades recias y sobresalientes: Luis Calderón Vega, el padre biológico, y Carlos Castillo Peraza, el padre político.
En el caso de Castillo Peraza, Calderón fue un mal hijo.
Acerca de este tema, central en la vida del presidente de la República, converso con Luis Correa Mena, coordinador de la campaña de Castillo Peraza en la lucha política por el gobierno del Distrito Federal en 1997.
El encuentro tuvo lugar en su casa, en Mérida.
Hablamos frente a un flamboyán, encendidos los pinceles del pintor, rojas las flores del árbol como las nochebuenas que invaden la estancia, el comedor y un patio espacioso.
Bebimos agua, diabético como es Correa Mena, de peso completo, fuerte y gordo como un campeón que ya no entrena.
Correa se refirió en primer lugar a la relación de Calderón Hinojosa con Castillo Peraza.
“El trato que finalmente le dio fue indigno, injusto, inmerecido y mucho más.
Felipe debió haberle guardado respeto y agradecimiento por siempre.
Tenía muchas razones para que así hubiera sido, en el mejor sentido de las palabras: la cercanía, el respaldo, la confianza, el apoyo, la promoción, la enseñanza, la orientación, la guía.
No creo que se deba tratar con faltas de respeto a una persona que te da todo eso.
”Hubo un texto de Felipe donde se burlaba de Carlos.
Recuerdo que me lastimó particularmente.
Expresó que estaba haciendo un papelón por su manera de comportarse y que ésta no correspondía a la estatura de un expresidente panista.
Felipe pretendía que Carlos actuara como él, que se condujera exactamente igual que él.
”Tuve la oportunidad, más de una vez, de incitar a la cordura a uno y a otro.
Me llevaba bien con los dos, les decía que eran amigos crecidos, y que si se empeñaban podrían arreglar sus diferencias.
Quienes los rodeábamos, entre tanto, debimos mantenernos al margen de sus diferencias.
El resultado final terminó en el fracaso”.
—¿Por qué?
—Carlos muere sin haberse reconciliado con Felipe.
Por su parte, Felipe, más allá de los errores cometidos por Carlos, no tuvo la valentía o la grandeza para dar y recibir un abrazo de reconciliación que le habría significado tranquilidad luego de su muerte.
En última instancia, se trataba del presidente del partido.
“A la muerte de Carlos, todos atestiguamos la profunda tristeza que poseía a Felipe.
Se veía deshecho y su pesar, para mí, obedecía en parte al remordimiento que lo calaba.
En el funeral, a sabiendas de que algunos de nosotros apenas podíamos hablar, nos pidió que, expuesto el féretro, montáramos una guardia juntos.
Me acerqué a Jesús Galván, su compadre, y le transmití el deseo de Felipe.
Montamos la guardia, hermanados de alguna manera con un padre común”.
Sigue Correa Mena, el tono bajo:
“No me desdigo del mal trato que Calderón dio a Castillo Peraza, desastrosos los resultados para él.
Un hombre sin amigos es como un árbol sin hojas, sin ramas renovadas ni flores.
En su momento, el resentimiento personal con Felipe fue tal que, habiendo sido yo uno de los promotores para que llegara a la presidencia del partido y después de quedar sin cartera, simplemente le deseé éxito y le dije adiós.
” —¿Cómo que adiós? —respondió Felipe—.
Si tú fuiste uno de los que me buscó para que yo fuera candidato aquellos días en que los ojos estaban puestos en Ernesto Ruffo.
”Nada dije y las cosas simplemente quedaron ahí”.





