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“El PRI nunca se fue”

Por Zorayda Gallegos /El Mañana -13 julio 2012

Las siguientes líneas tratan de explicar y documentar por qué y cómo es que Peña Nieto ganó la Presidencia de la República, cómo es que su partido recupera el poder, aunque quizá en realidad, como él mismo dijo ya al final de la campaña, “el PRI nunca se fue”.

Sólo Enrique Peña Nieto sabe en qué momento comenzó a creer en la idea de que podría ser presidente de México.
Lo que sí es menos arduo es acercarse a aquellos hechos y circunstancias que allanaron la ruta del PRI hacia la victoria, hacia su retorno 12 años después de que Ernesto Zedillo Ponce de León entregó la banda presidencial a Vicente Fox.

Uno de esos elementos a considerar es lo que el politólogo Jesús Silva-Herzog Márquez llama “gran talento político” de Peña Nieto para hacerse de la candidatura del PRI y, de paso, bloquear las aspiraciones de Manlio Fabio Beltrones, político con gran influencia en el partido, pero que al final no pudo disputar la nominación.
Más aún: terminó fortaleciendo al candidato mexiquense.

Conseguir esa candidatura, sin que nadie se la peleara, requirió un trabajo cuidadoso.
Peña Nieto empezó por enmendar los errores que dieron al traste con los dos más recientes intentos por ganar la Presidencia.
“Detectó que las divisiones internas habían frustrado en gran medida las ambiciones del priísmo de mantener y regresar al poder, y estableció alianzas con distintos actores de esa compleja maquinaria electoral y política que es el PRI”, considera Silva-Herzog Márquez, profesor del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

René Torres-Ruiz, investigador de la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, observa que “el grupo Atlacomulco vio en Enrique Peña Nieto la posibilidad después de 40 años de tener nuevamente un presidente de la República con raíces mexiquenses”.

“Para los integrantes de ese grupo, entre ellos Alfredo del Mazo, Arturo Montiel e incluso el expresidente Carlos Salinas de Gortari, el perfil de Peña Nieto fue útil para posicionarse y ser competitivos”.
Este clan, comenta el especialista de la UNAM, se impuso finalmente a otros grupos del viejo cuño priísta, que no terminaban de aceptar esa candidatura.


Respaldo y promoción de medios de comunicación
Quizá el elemento fundamental para explicar el triunfo de Peña Nieto fue el respaldo de diversos medios de comunicación, destacadamente Televisa: Se planeó y ejecutó una campaña de marketing con spots en los que aparecieron figuras de Televisa como la cantante Lucero y la actriz Angélica Rivero, con quien terminó casándose.

“Se dio esa complicidad PRI-Televisa para ir diseñando una especie de producto, donde lo secundario son sus habilidades políticas, características intelectuales o ideas brillantes”, comenta el investigador de la UNAM.
Se fue creando en el imaginario colectivo la sensación de que era “un político serio, bien parecido, representante del nuevo PRI, agradable, con capacidad para gobernar, simpático”.

El 7 de junio pasado, The Guardian detalló en un reportaje cómo la televisora había articulado un plan para proporcionar cobertura favorable a Peña Nieto desde que éste era gobernador del Estado de México y, a su vez, atacar la imagen de López Obrador, a cambio de un pago de cientos de millones de pesos.

La otra parte del plan constaba de una detallada estrategia de manejo de medios de comunicación para atacar a Andrés Manuel López Obrador y asegurarse de que no ganara las elecciones en 2006.
En uno de los documentos se hablaba de una estrategia para desmantelar la percepción pública de que el perredista era un mártir o un salvador.

‘No soy la señora de la casa’
Durante semanas los medios de comunicación y las redes sociales se ocuparon de lo que en el mundo intelectual ya se sabía: que la literatura, la historia y otras áreas del conocimiento no eran precisamente uno de los puntos a presumir de Enrique Peña Nieto.
Esto, que en otros países podría suponer el fin de un candidato, para el priísta no lo fue.

El incidente en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara del 2011, donde Peña Nieto no supo decir tres nombres de libros que le hubieran marcado la vida y confundió al autor de otra obra; pero eso que para el mundo intelectual resultó inconcebible, no fue algo que al priísta le afectara con el grueso de la población.
“Para el mexicano promedio, eso no fue importante porque en nuestro país se lee poco”, dice Helena Varela.

Diez días después de la pifia cometida en la FIL, en diciembre del año pasado Peña Nieto se colocó nuevamente en el centro de las críticas.
En una entrevista con el diario español El País, no supo responder cuál era el salario mínimo vigente en México, ni cuánto costaba el kilo de tortillas, lo que justificó con esta respuesta: “No soy la señora de la casa”.

Por eso, esos tropiezos o el famoso mensaje en Twitter de su hija calificando despectivamente como “proles” a los críticos de su padre, quedan “muy ceñidos a un grupo muy particular”.

Ni la corrupción, ni Moreira ni Yarrington
El primer revés significativo a las aspiraciones de Peña Nieto en su camino a Los Pinos fue la renuncia de Humberto Moreira a la dirigencia nacional del PRI el 2 de diciembre de 2011, presionado por las revelaciones sobre el grave endeudamiento en que dejó a Coahuila, el estado que recién había gobernado.

Pese a las resistencias al interior del PRI para ceder a las presiones de la opinión pública, cuando ya no hubo cómo justificar la irresponsable conducción y la falta de transparencia de la deuda en la entidad, que dejó en más de 34 mil millones de pesos, Peña Nieto optó por el pragmatismo y decidió quitarlo de la dirigencia del PRI.

Los señalamientos más fuertes vinieron después, recuerda Jesús Silva Herzog.
En mayo de este 2012 la justicia de Estados Unidos exhibió las relaciones de exgobernadores del PRI con el crimen organizado.


NO LE HICIERON MELLA
Una foto se publicó en los medios: Peña Nieto y el exgobernador de Tamaulipas, Tomás Yarrington, aparecían en franca cercanía.

Con todo, no le restaron muchos puntos en las encuestas.
Primero, porque, en su opinión y “aunque parezca cínico”, las revelaciones no fueron particularmente sorprendentes, juzga el politólogo del ITAM.
Y, segundo, porque no le pegaron directamente al exgobernador mexiquense sino a otros priístas.
“Sí lo debilitaron, pero no lo tocaron en lo personal”.

Y el #YoSoy132
Los especialistas llegan por separado a la misma conclusión: el golpe más severo y auténtico que recibió Peña Nieto fue el del movimiento estudiantil #YoSoy132.

El 11 de mayo marca en opinión de Helena Varela el punto de quiebre en una campaña muy tersa, que parecía sólo de trámite.
Hasta ese momento, el candidato del PRI caminaba con una amplia ventaja en las intenciones de voto.
“Trazaba su campaña cómodamente y se manejaba en espacios seguros y controlados.
Parecía que tenía la victoria asegurada”.

Pero todo cambió con su visita a la Universidad Iberoamericana.
Ese día los estudiantes que protestaron contra su presencia en sus instalaciones y que lo increparon le dieron una vuelta de tuerca a las expectativas electorales.
Jesús Silva Herzog define al #YoSoy132 como “la organización anti Peña más exitosa” porque tuvo la gran virtud de mover las percepciones que colocaban al priísta como un candidato imbatible.

Hubo en opinión del politólogo del ITAM un hecho que desencadenó el movimiento: la torpeza de los dirigentes del PRI al descalificar y ningunear a los jóvenes críticos.

“Se vio un PRI autoritario, el mismo de hace décadas, no acostumbrado a que se le critique, indispuesto al diálogo y a preservar el ejercicio de las libertades de la población”, añade Torres-Ruiz.

Se desató inesperadamente un movimiento con amplia repercusión entre universitarios de escuelas públicas y privadas.
Los jóvenes cuestionaron el papel de los medios de comunicación y su sesgo para favorecer en su cobertura periodística al candidato del PRI.

Y tomaron como una de sus banderas impedir que el PRI ganara la Presidencia de la República.
La irrupción de los jóvenes generó un momento tenso en la campaña del priísta, dentro de la cual se mostró preocupación, pues, comenta Silva-Herzog Márquez, “no estaban preparados para algo así”.

Aunque lo criticaron sin piedad por la forma en que su círculo cercano enfrentó al movimiento estudiantil, el académico del ITAM resalta que el exgobernador mexiquense se mostró receptivo y respetuoso de la crítica hacia su persona.

Jamás, afirma, lanzó una descalificación hacia los estudiantes.
Nunca los llamó manipulados por sus enemigos.
Al contrario, “lo que dijo fue: ‘entiendo que hay estas preocupaciones, espero darles a mis críticos elementos para que confíen en que si gano, no gobernaré como se gobernó en el México de la hegemonía priísta’”.
Faltaron muy pocos días para que el #YoSoy132 se convirtiera en un movimiento con dos vertientes: de crítica frontal frente a las televisoras y de rechazo total a Peña Nieto.

Los muchachos desplegaron por doquier, y señaladamente en las redes sociales, un activismo creativo, fresco, que incorporó al escenario de las elecciones un fuerte componente anti Peña Nieto.

Entonces sí ocurrió lo que los otros candidatos esperaban con ansia: los números de Peña Nieto en las encuestas descendieron, aunque lo hicieron lentamente.

Te lo firmo y Te lo cumplo
La estrategia de Peña Nieto para proyectar la idea de un gobierno eficaz podría ilustrarse de la manera siguiente: anunciar cientos de “compromisos” que, en su mayoría, son obras pequeñas, de bajo costo y de fácil realización.
Luego llamar a un notario para que los certifique.
Finalmente, inaugurar cada una de éstas y encargarse de que cada acto inauguración reciba una excelente difusión mediática mediante infomerciales, es decir, información pagada que es presentada con el formato propio de una noticia,
“Sus promesas, que son muy generales, no dicen gran cosa si no explica cómo lo va a hacer”, cree Helena.
Y él no lo hizo.
El mensaje que mandó fue: “Yo sí puedo, ya cumplí, fui eficaz y por tanto créanme”.

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