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La difícil tarea de la disciplina

Por: Jorge Alberto García / Agencia Reforma - 03 junio 2012

 
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Los padres junto con los maestros deben integrar un equipo para corregir y solucionar problemas de mala conducta de los estudiantes

Quizás no exista un problema tan discutido, antiguo y polémico en los colegios como el de la mala conducta de los alumnos y la manera de corregirlas.

Hablar durante la clase, gritar o pelearse, son conductas inadecuadas que perturban el proceso de aprendizaje y reducen el rendimiento académico, no sólo del niño travieso, si no de sus compañeros alrededor.

Es por ellos que las escuelas han creado reglamentos y figuras administrativas que imponen sanciones, como llamadas de atención, reportes de disciplina y suspensiones temporales o definitivas, que se aplican cuando se traspasa el límite de lo establecido.

Pero abordar el problema simplemente con medidas punitivas es sólo parte de la solución, ya que el maestro, autoridades escolares y padres de familia deben de trabajar unidos para descubrir la raíz de la mala conducta y resolverla, antes de que degenere en conductas asociales, es decir, indiferentes hacia la sociedad.

TRANSGREDIENDO LOS LÍMITES
Básicamente en todos los colegios, la magnitud del castigo va de acuerdo a la de la falta de conducta.

"Cuando el niño está platicando, se le llama la atención; si discute u ofende verbalmente a otro alumno, se le manda un reporte especial a sus padres; si se involucra en una pelea o comete una falta de respeto hacia un docente, se le suspende por dos días y se va a su casa, con la obligación de realizar un trabajo acerca de un valor; si reincide, puede ser suspendido dos veces más, antes de ser finalmente expulsado en forma definitiva", advierte Bárbara Sada, coordinadora de primaria, al definir las formas en las que se sanciona a un alumno en esta institución.

Además de estos comportamientos, el uso creciente de dispositivos portátiles, como smartphones y iPods, ha obligado a los colegios a sancionar su uso en el salón de clases, por ser primariamente un objeto de distracción.

"Éste es nuestro problema más frecuente.
Cuando se los encontramos les hablamos a sus papás para avisarles y lo guardamos hasta que ellos vengan a recogerlo".

Otro problema que detectan, es que a medida que el niño crece, también aumenta su deseo de retar a la autoridad, llegando algunos a comportarse de manera agresiva.

"Si el padre de familia le permite a su hijo que le hable en un determinado tono o volumen de voz, obviamente ellos van a querer hacerlo con los maestros, pero eso no lo podemos permitir.
Lo que antes se esperaba en conductas en sexto año, ahora lo vemos en cuarto año, esto nos esta impactando a nosotros como colegio", acepta.

LA FUNCIÓN DEL MAESTRO
Cuando se presenta un momento así, resulta crucial la capacidad de autocontrol del profesor, ya que no puede dejarse guiar por sus emociones y actuar inadecuadamente, pues empeoraría la situación.

"Es muy importante el autolenguaje, el maestro debe aprender a modular su voz y recordar lo que dice el reglamento, para que el niño no se sienta ofendido o lastimado", afirma Sada.
La labor del maestro debe ser generar alternativas para solucionar problemas en el aula.

"Sus intervenciones deben propiciar una motivación a realzar lo bueno, de rescatar la parte positiva del alumno, que no se enfoque en sólo lo negativo, sino de destacar también los aspectos positivos que posee, tanto como estudiante, como persona, para no mermar su valor como individuo", indica.

¿FUNCIONAN SIN LOS PADRES?
Las medidas correctivas que abarcan sólo el ambiente escolar están destinadas al fracaso, ya que se deben también integrar al comportamiento del niño en el hogar.

"Ahora vemos a papás que son muy permisivos; lo que para nosotros es una falta de respeto, para ellos puede ser una exageración, pero nosotros tenemos que ser firmes", destaca Sada.

"La personalidad de la familia marca al niño.
Hay que analizar el estilo de crianza que están teniendo: si son laxos o si son rígidos", opina la especialista.

Para resolver este conflicto, el apoyo entre escuela y papás es un punto fundamental de donde puede surgir una solución para los problemas de conducta.

"La sociedad nos marca normas de manera implícita o explicita y si uno no las está respetando, o no está presente la autoridad para sancionarlas, pues tarde o temprano tendremos una consecuencia por ello", advierte Sada.

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